sábado, 12 de febrero de 2011

Back to you

Ya nada era igual. Tú no eras tan tú. Yo era más yo. Había pasado mucho tiempo; mi pelo era ahora rubio, y el tuyo más corto. Estabas más alto. Pero en ese momento, cuando nos cruzamos, pareció que habíamos retrocedido a unos años antes. 
-Jenny, ¿eres tú?
-¿Marc?
Lo sé, por unas décimas de segundo me volví a quedar embobada mirando tus ojos grises. Pero hacía tiempo que había aprendido a reaccionar rápidamente, antes de que tú te dieses cuenta. 
La invitación a café fue obligada. Hablamos del tiempo; del presente, de planes de futuro, de tí, de mí... de todo, menos del pasado.
El café se alargó, algo comprensible, ya que teníamos demasiadas cosas de las que hablar. Me enteré de que terminaste la carrera, que tenías un pequeño trabajo que no te hacía mucha ilusión pero te pagaba los gastos, que estabas solo, dejando que las heridas se curasen, pero estabas feliz. Sin mí. Te conté que mi vida seguía igual, con mis altibajos, mis agobios estudiantiles, mis permanentes sonrisas, mi independencia y mis pensamientos enrevesados. Que también estaba feliz sin tí. Te mentí.
Al salir a la calle nos topamos con la noche, que había caído ya sobre la ciudad.
-Tú me has invitado a café -dijiste-. Ahora me toca invitarte a cenar. 
-Sinceramente, no sé si es buena idea -en realidad NO quería. No ahora que te había conseguido olvidar. 
-Tú y tus "sinceramente". Pues me da igual que sea buena o mala idea. Cena casera, en casa... eso siempre te ha gustado - y sonreíste. Lo peor que pudiste hacer.
Cenamos pizza, y por encargo. De cena casera tenía sólo la casa. 
Seguimos hablando. Y "uy, qué frío", "coge la manta", " si estás tan lejos no me llega", "acércate, mujer, que no muerdo". Nunca he sido capaz de cortarte el rollo, no porque no lo captes, si no por todo lo contrario. Siempre sabes por dónde voy, pero te haces el loco. Y siempre, siempre consigues lo que quieres. 
-Niño mimado...
Eso fue lo que dije. Y un chasquido, un pestañeo, un latido de corazón, eso fue lo que tardaste en ponerte sobre mí, en regresar a tu posición habitual, en volver a amoldarte a mí. Mi cuerpo había estado esperándote, ahora me daba cuenta de que durante esos dos años había estado incompleta. Y así, en un segundo, echaste a perder ese tiempo, destruíste mi coraza, se derrumbó mi impasibilidad, volví a ser tu títere, y tú mi titiritero.
Pero quizá esta vez eso podía cambiar. Te dí la vuelta y me coloqué sobre tí. Ahora tú seguirías mis reglas.

                                                                                                                       Inma *

2 comentarios:

  1. Sí, eso estuvo muuuuuuy bien.
    Manejar está bien muchas veces, creeme.

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